Charla Abierta DESARROLLO PERSONAL

Charla abierta
DESARROLLO PERSONAL
alternativas y posibilidades con
JORGE RIVAS DÍAZ

Una mejora de la calidad de vida a partir del autoconocimiento, la autoestima y el empoderamiento basados en el propio potencial humano y modo de ser personal.

Un proceso de autoaclaracion y aceptación de uno mismo tendiente a la realización de la verdad de la propia persona.

MARTES 14 NOVIEMBRE 19 HS
ROMAN GUERRA 982 MALDONADO

Solicitar invitaciones al 099 907507 por SMS o Whatsapp 

Jorge Rivas Díaz estudió doctorado y maestría en Desarrollo Humano en la Ibero, la Universidad jesuítica en México DF. Y es licenciado en Ciencias de la Educación por la UdelaR. Estudió también Música y Filosofía (UdelaR) Psicología (UCUDAL) y Terapias psicocorporales para el desarrollo armónico con Graciela Figueroa (EDA) en Montevideo, Alicia Zappi en México, Michel Robin en Río de Janeiro y otros maestros de Río Abierto Internacional.

Estudió  la meditación de la tradición Shambhala del Budismo Tibetano trabajó con algunos discípulos directos de Chögyam Trungpa Rimpoché, y Sakyon Miphan Rimpoché, como (Allyn Lyon, Suzanne Duquette, Gary Hubiak y Lourdes Alvarez, entre otros). Incursionó también en el Psicoanálisis (Rosario Herrera) el Enfoque Centrado en la Persona (Juan Lafarga, Clementina Ramírez, Alberto Segrera) y el chamanismo de autoconocimiento (Mabel Flores).

Trabajó 25 años en la Educación, como profesor de música (ANEP) de planeación educativa en la formación docente (CERP) y como director académico, investigador y Representante para el Mercosur y Chile del CREFAL, el Organismo Internacional para la educación de adultos en América Latina y el Caribe.

Tras un largo retiro decidió suspender su actividad social y política, y dedicarse a enseñar meditación, a ofrecer talleres de desarrollo humano y consultas particulares de autoconocimiento basado en la observación de la observación, una perspectiva que desarrolló junto al psicoanalista, lingüista y antropólogo mexicano Federico Martínez Romo (ENAH/UNAM).

 

Que quiere tu Niño Interior ??

Si tu Niño Interior se sintiera libre para decirte exactamente lo que quiere de ti, seguramente te diría algo así:

Quiero que me prestes atención y que pases tiempo conmigo. Quiero que me escuches y que me oigas de verdad cuando estoy intentando decirte algo. Quiero que me conozcas, que sepas quién soy de verdad, no quien crees que soy. No quiero que me controles con imperativos y con reglas, pero tampoco quiero que me consientas. Quiero que tengas en cuenta lo que quiero, en lugar de limitarte a decidirlo por tí mismo sin mi.

Quiero que confíes en mis instintos y en mi intuición. Quiero que me digas siempre la verdad. No me gusta que me mientas, como cuando me dices que soy malo, o que puedo controlar a la gente, o que soy responsable de los sentimientos de los demás, o que soy egoísta cuando me cuido de mi mismo. Me siento confundido cuando me mientes. Cuando me hablas, no me des lecciones ni me sueltes discursos. Quiero que hables conmigo.

Quiero que me protejas de la ira de los demás asumiendo el control cuando los demás están actuando desde sus egos. Quiero que no me avergüences nunca. Quiero que sepas que siempre tengo buenos motivos para querer lo que quiero y para sentir lo que siento, y quiero que quieras conocer mis motivos, en lugar de culparme y de avergonzarme. Quiero que me otorgues el tiempo suficiente para jugar, y quiero que te tomes el tiempo suficiente para ganar dinero para nosotros, de modo que me sienta seguro y cuidado. Quiero que me dejes comer lo que quiera, mientras sea sano. Quiero que me ayudes a proteger nuestro cuerpo no dejándome meter en él cosas que no son buenas para mi.

Siempre que esté alterado, dolido, iracundo o solo, quiero que pases tiempo conmigo, enterándote de mis sentimientos y de por qué me siento así. Quiero que me dejes hacer las cosas que son verdaderamente divertidas para mi y que me hacen sentirme vivo.
Quiero que encuentres amigos para mí que sean amorosos, y que no hagas planes para mí con personas con las que me siento incómodo. Quiero que me protejas de ser utilizado y maltratado de algún modo. Quiero que actúes en mi nombre, asegurándote de que estoy seguro y de que se cubren mis deseos y mis necesidades.

Quiero que me ayudes a curar mi dolor ayudándome a reemplazar mis creencias falsas con la verdad, y que aportes personas amorosas para que me ayuden con ello. Quiero que seas para mi un maestro amoroso. Quiero que seas nutriente, compasivo, blando y delicado conmigo, y que veas todo lo que soy. Quiero sentir amor que sale de tu corazón, y no solo palabras que salen de tu boca. Quiero saber que estás siempre conmigo para no sentirme solo dentro de mí.
Tu Niño Interior te pide amor incondicional…

Cura tu Soledad. Margaret Paul & Erica Chopic

Que quiere tu Niña/o Interior ??

Si tu Niño Interior se sintiera libre para decirte exactamente lo que quiere de ti, seguramente te diría algo así:

Quiero que me prestes atención y que pases tiempo conmigo. Quiero que me escuches y que me oigas de verdad cuando estoy intentando decirte algo. Quiero que me conozcas, que sepas quién soy de verdad, no quien crees que soy. No quiero que me controles con imperativos y con reglas, pero tampoco quiero que me consientas. Quiero que tengas en cuenta lo que quiero, en lugar de limitarte a decidirlo por tí mismo sin mi.

Quiero que confíes en mis instintos y en mi intuición. Quiero que me digas siempre la verdad. No me gusta que me mientas, como cuando me dices que soy malo, o que puedo controlar a la gente, o que soy responsable de los sentimientos de los demás, o que soy egoísta cuando me cuido de mi mismo. Me siento confundido cuando me mientes. Cuando me hablas, no me des lecciones ni me sueltes discursos. Quiero que hables conmigo.

Quiero que me protejas de la ira de los demás asumiendo el control cuando los demás están actuando desde sus egos. Quiero que no me avergüences nunca. Quiero que sepas que siempre tengo buenos motivos para querer lo que quiero y para sentir lo que siento, y quiero que quieras conocer mis motivos, en lugar de culparme y de avergonzarme. Quiero que me otorgues el tiempo suficiente para jugar, y quiero que te tomes el tiempo suficiente para ganar dinero para nosotros, de modo que me sienta seguro y cuidado. Quiero que me dejes comer lo que quiera, mientras sea sano. Quiero que me ayudes a proteger nuestro cuerpo no dejándome meter en él cosas que no son buenas para mi.

Siempre que esté alterado, dolido, iracundo o solo, quiero que pases tiempo conmigo, enterándote de mis sentimientos y de por qué me siento así. Quiero que me dejes hacer las cosas que son verdaderamente divertidas para mi y que me hacen sentirme vivo.
Quiero que encuentres amigos para mí que sean amorosos, y que no hagas planes para mí con personas con las que me siento incómodo. Quiero que me protejas de ser utilizado y maltratado de algún modo. Quiero que actúes en mi nombre, asegurándote de que estoy seguro y de que se cubren mis deseos y mis necesidades.

Quiero que me ayudes a curar mi dolor ayudándome a reemplazar mis creencias falsas con la verdad, y que aportes personas amorosas para que me ayuden con ello. Quiero que seas para mi un maestro amoroso. Quiero que seas nutriente, compasivo, blando y delicado conmigo, y que veas todo lo que soy. Quiero sentir amor que sale de tu corazón, y no solo palabras que salen de tu boca. Quiero saber que estás siempre conmigo para no sentirme solo dentro de mí.
Tu Niño Interior te pide amor incondicional…

Cura tu Soledad. Margaret Paul & Erica Chopic

“No soy de aquí, ni soy de allá” – Facundo Cabral

Siempre quise saber lo que había detrás de la famosa frase de Facundo Cabral “No soy de aquí ni soy de allá…”, y cuando lo supe, amé esta historia que ahora les cuento: Tiene tanto tiene qué ver con un sentimiento tan noble y tan poderoso como el amor: el perdón.

El padre de Facundo se fue de su casa antes de que éste naciera. Luego Sara, su madre, fue echada a la calle junto a sus pequeños hijos, y Facundo no tuvo un techo donde nacer, de ahí lo de “No soy de aquí ni soy de allá / no tengo edad ni porvenir / y (a pesar de todo) ser feliz / es mi color de identidad”.

Nació así en La Plata, y se crió en una de las barriadas más pobres de esa urbe argentina, como presagio de lo que más adelante la montaña rusa de la vida le depararía: sinsabores, éxitos, fracasos, lucha, amores, desamores y mucho aprendizaje, como preparando al gran apóstol de la música latinoamericana para un camino que no detendría ni su absurda muerte un 9 de julio de hace seis años.

Una noche, tras terminar un concierto en una de las catedrales de la música de Buenos Aires, Facundo, con 46 años a cuestas, se llevó la sorpresa de su vida: en el pasillo lo esperaba su padre.

“Lo reconocí porque era igual a la foto que mi madre siempre había guardado, pero con el pelo cano y las huellas del tiempo reflejadas en su rostro y en sus manos. En el acto supe que era él, porque siempre vi esa foto en la repisa de la cama de mi madre”, contaba Cabral. “Mi padre era muy apuesto. Todo lo contrario a mí, era muy elegante. Ahora, muchísimos años después, estaba allí y me quedé congelado sin saber qué hacer”.

Este era el primer encuentro con su padre. ¿Se imaginan la tormenta de emociones, pensamientos y nerviosismo que azotaban dentro de aquel hombre que paseaba su música por el mundo pregonando la paz, el perdón y el amor? Entonces, ¿qué hacer?

Un día Cabral dijo sobre su padre: “Agotó todo el odio que había acumulado en mí; lo odié tanto y tan profundamente porque había dejado sola a mi madre con siete hijos. Aprendimos todos a tener el cielo por techo y la lucha por sobrevivir se volvió prioridad para los ocho. Murieron cuatro de hambre y frío. Tres sobrevivimos de milagro”.

Ahora, su padre estaba frente a él, y sentía tener todo el derecho de decirle lo que su corazón guardaba. El rencor es un sentimiento tan fuerte como el perdón y Facundo sintió muchas veces que su memoria le alejaría para siempre de aquel hombre. En ese momento, el recuerdo de las palabras de su madre retumbó en su cabeza y en su corazón:

“Vos que caminás tanto, algún día te vas a encontrar con tu padre. ¡No cometas el error de juzgarlo! Recuerda el mandamiento: honrarás al padre y a la madre. Segundo, ese hombre que vas a tener enfrente, es el ser que más amó, más ama y más amará tu madre. Tercero, lo que corresponde es que le des un abrazo y las gracias, porque por él estás gozando las maravillas de Dios en este mundo por el que caminas. La vida que tanto amas no sólo te la dio tu madre, también se la debes a tu padre. No lo olvides”.

El desenlace de este encuentro lo cuenta el mismo Facundo:

“Por eso cuando vi a mi padre nos acercamos, nos abrazamos y fuimos grandes amigos hasta el final de sus días. Aquella vez me liberé y dije: ‘Mi Dios, qué maravilloso es vivir sin odio’.

Me costó años perdonar y pude hacerlo en un segundo.
Y me sentí tan bien”.

El perdón es tan noble y poderoso como el amor…

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Fuente: http://www.elhorizonte.mx/opinion/editorial/el-perdon-es-tan-noble-y-poderoso-como-el-amor/1954882