2 – Nuestro Ser

luz estrella metafora del Ser

Sobre nuestro Ser

Todos tenemos un Yo, un Ser esencial. 

Me gusta utilizar cualquiera de las dos expresiones Yo, o Ser indistintamente significando lo mismo. Es nuestra esencia, nuestra brújula emocional e intelectual. El núcleo de equilibrio psíquico, el asiento de la conciencia, la fuente interna de amor y de nuestros recursos.

El Ser no es una parte. Distingase el Yo de  patrones, configuraciones, esquemas, o partes (prefiero llamarle partes). Las personas cuando están centradas en su Ser expresan: «es lo que soy, no es una parte». Es una percepción de sí mismos muy diferente y particular.

El Ser puede “percibir” las partes. Podemos observar o percibir las diferentes partes de nuestro sistema como pequeñas subpersonalidades que juntas forman nuestra personalidad o carácter. Por ejemplo nuestro enojo, nuestra angustia, también intenciones, deseos, aceptación, rechazo, etc. Algunas personas perciben sus partes como sensaciones. Otras personas escuchan sus voces “siento una  voz que me critica todo el tiempo”. También pueden percibirse como imágenes representativas (veo esa parte de mi como una niña) y también hay personas que tendrán un mix de todas estas. La percepción puede variar según el momento de la experiencia.

El Ser puede “mezclarse” con las partes. Cuando las partes se activan y dan un paso al frente, ocupan el “asiento de la conciencia” se mezclan con el Ser y sentimos que somos esa parte. Por ejemplo el enojo. Cuando nos enojamos creemos que somos enojo y todo se ve de cierta manera, sin embargo luego que el enojo se retira podemos sentirnos y pensar muy diferente. Es como tener puestos un par de lentes de color. Se produce una mezcla de nuestro yo y esa parte. Si estamos muy mezclados o inundados por una parte no podemos relacionarnos con ella.

El Ser puede estar “separado” de las partes. Cuando las partes internas se relajan o se apartan del “centro de comando” no se siente tanto la mezcla. Al sentir la separación de las partes del Ser, afloran espontáneamente las cualidades naturales del Ser: calma, claridad, curiosidad, coraje, conexión, compasión, creatividad y confianza. Estas cualidades de nuestro Ser son la base necesaria para el trabajo de Armonizar tu Sistema Interior.

El Ser puede “relacionarse” con las partes.  El Ser puede ser observador (Mindfulness) pero también puede interactuar con las partes de tu Sistema Interior. Puede puede prestarles atención, puede escucharlas, puede empatizar con ellas, y relacionarse con ellas, puede acompañarlas, abrazarlas, contenerlas, puede incluso negociar y también ayudarlas a realizar su labor. Recordemos que todas las partes tienen una buena intención y que buscan aportar a tu vida, al sistema.

El Ser posee las cualidades humanas universales necesarias para el relacionamiento interno con las partes. La Armonización del Sistema Interior es el fruto de una relación constructiva entre el Ser y las partes. En particular aquellas partes que estén sobrecargadas o sufriendo pueden ser aliviadas por el Ser.

Cuando las partes ceden algo de espacio y podemos estar junto a ellas, compartiendo el espacio interno. Durante ese momento es cuando podemos trabajar con ellas cultivando el relacionamiento adecuado. En principio siendo testigos, escuchando.. conociendo… comprendiendo.

Cuando el Ser está presente en el “puesto de comando” se puede relacionar adecuadamente con las partes generando armonía y equilibrio. Puede restablecer la armonía en tu sistema interior.

Cuando el Ser se relaciona con las partes heridas o sobrecargadas aliviando su carga. Ayudamos a estas partes y pueden encontrar otras formas más adecuadas de funcionar y de aportar al Sistema.

La posibilidad de la expresión m del Ser libera una fuente inagotable de comprensión y amor permitiendo a las partes afectadas afectadas sentirse profundamente contenidas y amadas, facilitando rápidamente su recuperación. Por eso resulta tan importante el acceso al Ser.

El Ser no necesita ser cultivado o desarrollado, es nuestro estado natural de expresar lo que somos. 

Pueden haber muchas formas de acceder al Ser como prácticas de meditación, tradiciones espirituales y algunos modelos de psicoterapia o desarrollo personal.

Esta idea de que el Yo está sano, intacto y disponible para comenzar a liderar, con cualidades sanadoras sin importar quien seas y lo que hayas vivido, puede ser un poco difícil de aceptar.
Va en contra de todo lo que hemos escuchado tanto desde la ciencia como desde la religión.
Sin embargo la evidencia empírica va mostrando otra cosa.

Es tiempo de probarlo ! Te invito a realizar un par de ejercicios !

Ejercicio 1 – Viendo desde el Ser

Este ejercicio lo puedes escuchar
audio para tu mayor comodidad haciendo click aquí

A continuación lo tienes por escrito para que puedas conocerlo antes de escucharlo:

Respira profundo un par de veces mientras relajas sientes tu cuerpo relajarse sobre sus apoyos.

Piensa en una persona a la cual usted le has cerrado su corazón. Puede ser alguien que te haya hecho daño en el pasado y tu has decidido no volver a confiar en ella. Puede ser una persona te altere mucho por su forma de ser.

Una vez que haya visualizado a dicha persona en su mente…imagina que está en una habitación y que tu estás afuera observándola a través de una ventana.

Observa lo que sientes cuando miras a tal persona.

Puede que te sientas molestia, enojo, rechazo.. lo que fuera

Toma conciencia de esa emoción y prestale ahora tu atención…  Pídele que solo por unos momentos se aparte de ti  ….mientras tu permaneces afuera de la habitación….

Puede que te parezca extraño hablarle así a un sentimiento pero, por el ejercicio, continúa y percibe qué es lo que siente….

Si, tras pedirle a ese sentimiento que se aparte un momento de ti, percibes que la energía de ese sentimiento se retira, observa qué tipo de emociones o pensamientos surgen en ti hacia la persona que está en la habitación….

Fíjate si ahora sientes algo de aceptación, compasión o curiosidad o… si hay otra emoción diferente …. que no provenga de tu Ser…pídele también amablemente que se separe por un momento…..

Si mientras realizas este ejercicio, no percibes un descenso de emociones o pensamientos protectoras, pregunta a estas emociones qué es lo que temen que pueda pasar si se apartasen….

En ocasiones las partes tienen buenos motivos para no querer hacerse a un lado y dejarnos nuevamente vulnerables y expuestos frente a dicha persona.

En este caso puedes tranquilizarle explicándoles que no entrarás en la habitación durante el ejercicio y que solo mirarás desde afuera y que tampoco vas a corres riesgos con dicha persona en la vida real. Que sólo deseas tener una idea de lo que sucede si te dejaran estar presente, fuera de la habitación.

Si tus partes protectoras se han separado efectivamente, es posible que comiences a experimentar cómo van apareciendo cualidades del propio Ser.

Puede que hayas sentido súbitamente curiosidad por saber por qué motivo actuó del modo que lo hizo… o que hubieras comprendido la situación desde la perspectiva de la otra persona….

Es probable que sigas prefiriendo no acercarse a esa persona, aunque sientas que ya no tienes tanta necesidad de cambiarla….

Observe si la imagen que tienes de esta persona ha cambiado en algo.. si ahora resulta menos desagradable o amenazadora.

El propósito de este ejercicio puedas notar como emerge naturalmente la  esencia compasiva, que sí existe en ti…

Tu esencia compasiva, segura, que puede surgir de manera espontánea, incluso aunque te encuentres frente a alguien a quien ya has apartado de tu corazón.

Sirve, además, como una introducción a la posibilidad de hablar con tus emociones y pensamientos y, si tu eres respetuosa/o con ellos y abordas sus temores, ellos estarán cada vez más en mejores condiciones de respetar sus solicitudes. En otras palabras, el ejercicio le ayudaría a usted a acceder a una nueva manera de relacionarse con uno mismo.

Ejercicio 2 – Ejercicio del Sendero

Este ejercicio también lo tienes en
audio para tu comodidad accedes haciendo click aquí

También lo transcribimos para que puedas conocerlo antes de escucharlo:

Colóquese en una posición relajada y respira profundo varias veces.

Imagina que te encuentras en el comienzo de un sendero, que puede ser uno conocido o bien, uno en el que nunca has estado previamente.

Antes de comenzar a caminar por el sendero, reúnete con tus emociones y pensamientos (tus partes) y pídeles que se queden al comienzo de él y permitan así que usted pueda caminar solo por el sendero.

Si las partes tienen miedo de dejarle ir solo, tranquilízalas diciéndoles que no tardarás mucho y que la experiencia puede resultar beneficiosa, tanto para ellas como para ti.

Cerciórate, además, que las partes temerosas puedan ser atendidas por otras que no lo estén. Si, a pesar de todo, sigue habiendo partes temerosas que no le dejan ir sola/o, no inicies el camino y tómate un momento para escuchar con atención esos temores.

¿Qué es precisamente lo que temen que suceda si te permiten marchar sola/o? Y, sin embargo, si percibes que sí te darán el permiso, sigue adelante.

Nota si según vas caminando, te observas a sí mismo caminando por en el sendero o si estás ahí caminando por el sendero, simplemente ves lo que hay a su alrededor.

Si usted te ves a ti misma/o, eso indica que es una de tus partes una va caminando.  Encuentra esta parte teme que tu sigas caminando sola/o por el sendero y pídele que se relaje …. y que vuelva al punto de partida del sendero. Si se negara, dedícale el tiempo que necesite intentando conocer sus temores.

Si continúas caminando por el sendero, observe si estás pensando en algo.

Si tal es el caso, pídale a esos pensamientos que vuelvan a la origen del camino de manera que tu puedas ir progresivamente convirtiéndose en una conciencia plena.

A medida que vayas avanzando por el sendero, comprueba periódicamente si estás pensando en algo y si es así, procede suavemente a remitir esos pensamientos a la base.

Note lo que sucede en su cuerpo y en su mente cuando estos pensamientos le abandonan. Observa la sensación de amplitud que usted percibe alrededor suyo y la energía que fluye dentro de ti.

Cuando sientas que ya ha pasado el tiempo suficiente en el sendero, alejado de tus pensamientos, comienza a volver al origen o comienzo del camino.

Fijate si puedes lograr conservar esa sensación de amplitud y esa energía que sentías, incluso cuando te estés aproximando a las partes.

Cuando llegues a la cabecera, te encuentras con tus partes y fíjate si han logrado arreglárselas sin usted y si necesitan algo de usted.

Una vez concluido el proceso, si las partes te permitieron irte, agradéceles por ello.

Si no lo hicieron, agradéceles por haberte hecho saber que ellas temían dejarle partir.

Luego respira profundamente un par de veces y con la respiración vas volviendo al mundo exterior.

El ejercicio del sendero, al igual que el otro ejercicio, tiene diversos propósitos.

Uno de ellos es el de darle una pequeña idea de quién eres tu realmente, es decir, de quién eres realmente una vez que te has separado de los pensamientos y emociones corrientes.

Una vez que las personas logran apartar a sus partes, la mayoría de ellas suelen tener experiencias similares. Se sienten más ligeras, apacibles y radiantes, incluso alegres, y centradas en el presente.

Hay personas que se dedican a la meditación para lograr este estado; el sendero es simplemente un recurso de la imaginación que ayuda a descender por debajo de la superficie de la conciencia ordinaria para acceder al estado oceánico del Ser.

En este ejercicio del sendero, a diferencia de otras técnicas de meditación, se llevan a cabo negociaciones con las partes de manera explícita. El empleo de mantras o la concentración sobre la propia respiración surten un efecto similar sobre las partes, aquietándolas e introduciéndolas en un estado de relajación; sin embargo, tal efecto se produce más rápidamente con este ejercicio de modo que uno tiene la oportunidad de conocer las necesidades que las partes en concreto tienen.

Cuando las personas realizan este ejercicio por primera vez, es frecuente que muchas de sus partes no las dejen marcharse. Si a usted le ha ocurrido algo parecido, no se preocupe; sólo significa que sus partes no se sentían seguras en dicho contexto y en dicho día concreto.

Si tus partes no te han dejado ir, es probable que hayas alcanzado otro de los objetivos prioritarios de este ejercicio: descubrir qué partes temen estar separadas de ti y saber qué es lo que ellas temen.

Tu puedes, por tanto, a partir de este descubrimiento, saber qué partes claves precisan de tu ayuda, pudiendo así trabajar con ellas de maneras que serán explicadas más adelante.

Personas que han practicado el ejercicio del sendero han notado que determinados pensamientos han persistido y han descubierto que se han identificado a tal punto con determinadas partes que han llegado a considerar que esas partes eran ellas mismas, es decir, que llegaron a confundir una o varias de sus partes con su propio Yo.

El descubrir lo que podríamos llamar partes que imitan al Ser (también conocidas como partes como el Ser) puede resultar bastante desconcertante ya que su existencia supone un reto para nuestra propia identidad. Sin embargo, en última instancia, resulta siempre útil y liberador el identificar estas partes que son como el Ser y librarlas de esas cargas de responsabilidad. A este respecto, permítanme que comente que es más importante estar en el sendero que observándose a sí mismo en él.

Si durante un ejercicio de imaginería, te observas estando en él, lo que tu estás haciendo es experimentar una parte, no a su Ser.  Esto es así porque es tu propio Ser, el asiento final de la conciencia, quien observa de modo que, consecuentemente, usted no podría ver a su Ser.Si tu pudieras, ¿quién, entonces, estaría siendo testigo de su Ser?

En varios ejercicios se te invitará a entrar e interactuar con las partes.

Cuando lo hagas, cerciórate de que tu no se estás observando al sí mismo sino que está realmente ahí.

Según vayas  usted familiarizándote con el proceso de ayudar a las partes a que aprendan a confiar que es seguro permitir que usted separe de ellas, puede que ya no sea necesario que recurra a una imagen como la del sendero, pudiendo emplear una imagen que consideres mejor o, tal vez, sólo con percibir que existen tales partes, éstas se relajen y se aparten.

Una de las formas de meditación budista guía a los participantes precisamente de esta manera – que simplemente observen cualquiera de los pensamientos o sentimientos que pudieran surgir mientras usted está sentado, con la mente centrada en su respiración.

En la medida en que las partes vayan confiando más en usted, observará cómo irá aumentando de manera significativa la capacidad que tiene de separarse de ellas y de entrar en el Self de modo que podrá ir viviendo partes cada vez mayores de su vida desde este estado.

Lo que se tarde en ello dependerá más bien de las cargas que soportan sus partes (pensamientos y emociones extremas que el mundo exterior ha introducido en su sistema) que de la regularidad con que usted medite, aunque ello también podrá contribuir a ese respecto. Según iremos aprendiendo, es el proceso de alivio, de estas cargas lo que liberará a su Self.

LAS 8 CUALIDADES DEL SER

Entre las religiones esotéricas del mundo existe un consenso de que tal estado existe en nosotros. En la mayoría de los mensajes de estas tradiciones se sugiere, sin embargo, que el lenguaje no logra captar del todo este concepto del Self. Es posible que sea así; sin embargo, si consideramos que las diferentes personas que se encuentran en tal estado describen experiencias similares y exhiben cualidades parecidas, entonces podremos describir aspectos de tales experiencias y cualidades.

Considero que, para aclarar este debate, resulta útil establecer diferencias entre lo que las personas refieren mientras están meditando, es decir, mientras están siendo absorbidas por el océano, y lo que estas personas son cuando es su Self el que está liderando activamente su vida cotidiana, es decir, cuando son una ola individual en el océano.

Es precisamente este estado oceánico el que parece ser difícil de describir. Las personas refieren sentir como si no tuvieran límites, como si fueran uno con el Universo y perdieran su identidad como un ser distinto. Esto se acompaña de una sensación de amplitud de la mente y del cuerpo capaz de proporcionar una sensación de gran satisfacción como de momentos de dicha.

Las personas sienten a menudo como si una energía pulsátil o un calor

recorrieran su cuerpo a la vez que perciben como si hubiera un halo de luz alrededor o dentro de él. Según vayan profundizando en esta práctica meditativa, irán pasando por diferentes niveles y etapas, las cuales ya han sido exploradas y trazado el mapa por las diferentes tradiciones esotéricas.

La obra de Ken Wilber proporciona un buen resumen de cuáles son estas etapas ascendentes que se producen en la conciencia. Mi propósito no es tanto familiarizarles con estos reinos etéreos sino, más bien, ayudarles a que puedan integrar parte de esta conciencia, amplitud y energía en sus labores diarias y en sus relaciones.

¿Qué cualidades son las que refieren y manifiestan las personas cuando, presentes en el mundo, mantienen en mente el recuerdo de quienes son en realidad? ¿Cuáles son las características del liderazgo del Self?

No sé cuál es la respuesta completa a esta pregunta. Sin embargo, tras veinte años ayudando a las personas para que lograran un mayor liderazgo del Self, sí puedo describir lo que va aflorando en mis clientes a medida que van incorporando, encarnando en sí el Self.

Mientras seleccionaba adjetivos que pudieran recoger mis observaciones, fueron surgiendo de manera repetida palabras que comenzaban por la letra C.

Viajaremos ahora por las ocho letras C del liderazgo del Self.

Calma

El liderazgo del Self se acompaña de una sensación dominante de una calma fisiológica y mental. Muchas personas, especialmente aquellas que han experimentado traumas, perciben una tensión constante en su cuerpo como si se tratara de un muelle fuertemente enrollado dentro de sí que les convierte en hiper vigilantes y agitados.

Si usted es como una de esas personas, tal estado de activación física le hará reaccionar de manera desmedida frente a otras personas a la vez que evitará que usted pueda relajarse realmente. Su mente será un reflejo de dicho estado de activación aumentado con pensamientos e impulsos saltando de un sitio a otro como, siguiendo una metáfora budista, un mono hiperactivo o borracho.

Según vaya incorporando, encarnando el Self en sí mismo, se verá liberado de tener que encontrar menos actividad en su cuerpo y en su mente. Como resultado de ello, frente a desencadenantes que usted encuentre en su ambiente, reaccionará de maneras menos automáticas y extremas. Al confiar en su Self para afrontar el mundo, los monos en su mente se tranquilizarán, disfrutando con la reducción de preocupaciones y de responsabilidades que se produce.

Frente a la cólera, usted no se verá desbordado por los impulsos comunes de lucha, huída o bloqueo de respuesta sino que será, en cambio, capaz de conservar su ecuanimidad. Son muchas las personas que dan la apariencia de tranquilidad pero, por dentro, tienen una actividad frenética. A muchos de nosotros se nos ha entrenado para que ocultáramos nuestras aflicciones tras una máscara tranquila y reflexiva; sin embargo, eso significa estar bloqueado, no tranquilo.

Con ello no queremos decir que las personas lideradas por el Self se muevan en un estado de desapego sereno como Buda. Al igual que los demás, ellas también se montan en la montaña rusa de la vida. Pero sólo se trata de que, en su caso, el paseo en ella que solía producir la sensación de un puño cerrado, se convierte más a menudo en algo interesante y algunas veces, en algo doloroso o en algo alegre.

Mientras que antiguamente se veían poseídas totalmente por las emociones o, sino, aisladas de ellas, experimentarán ahora olas de sentimientos,aunque también conservarán un centro de calma-el centro del ciclón, lo que yo llamo el “Yo” en la tormenta.

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Claridad

El concepto de claridad lo defino como la capacidad de percibir las situaciones de modo que estas no se vean distorsionadas por creencias o por emociones extremas que, dicho con otras palabras, sería como mirar a través de los ojos del Self. Al haber trabajado ampliamente con personas con trastornos alimentarios, he tenido la oportunidad de ver cuán poderosamente pueden algunas partes nuestras afectar a nuestras percepciones.

Cuando una cliente afectada por anorexia, delgada en ex- tremo, se mira al espejo, se ve a sí misma como una persona obesa. Y, sin embargo, este es sólo un ejemplo extremo del tipo de distorsiones que realizamos todo el tiempo. Recuerde, por ejemplo, cuando usted se encaprichó con alguien.

Probablemente ignorara las evidentes banderas rojas. Luego, cuando dicha persona le hirió de alguna forma, es posible que sólo viera sus defectos y se preguntara qué es lo que había visto en él/ella.

La siguiente historia tradicional refleja muy bien este punto: Un hombre que había perdido su hacha sospechaba del hijo de su vecino. El niño caminaba como un ladrón, miraba como un ladrón y hablaba como un ladrón.

Al poco tiempo, mientras cavaba en el valle, encontró el hombre su hacha. La siguiente vez que vio al hijo de su vecino, éste caminaba, hablaba, tenía el aspecto de cualquier otro niño.

Dicho en otras palabras, en raras ocasiones tenemos una mirada clara y abierta de las personas y situaciones ya que, basándonos en experiencias previas y en nuestros deseos actuales, tendemos a llegar rápida y automáticamente a conclusiones. Como reza la expresión “Para un hombre con un martillo, todo le parece un clavo”.

Yo tenía un cliente, Bill, que estaba desesperado por las ganas de casarse. Había en él una parte que evaluaba de manera inmediata a toda mujer que conocía como una potencial compañera o no. Él pensaba, además, que ya a una edad temprana, se había sentido rechazado por su madre de modo que había una parte protectora en él que tanteaba a cada potencial pareja para ver si ella era como mamá (es decir, peligrosa) o no.

Para complicar aún más las cosas, él nunca había perdido la esperanza de que su madre alguna vez pudiera aceptarle de modo que en él había otra parte que deseaba que su potencial pareja fuera como mamá y que no le permitiría que se sintiera atraído por otras que no lo fueran.

Toda mujer que él conocía, caía involuntariamente en el área de acción de su sistema de radar y las categorizaciones conflictivas que lo formaban, quedando las cualidades de éstas, en consecuencia, distorsionadas o, sino, ignoradas.

Las mujeres con las cuales había tenido citas se quejaban de recibir mensajes contradictorios y afirmaban que él, en realidad, no las conocía. Y tenían razón. Para que Bill pudiera realmente conocer a cualquiera de estas mujeres era necesario que dichas partes y sus proyecciones se hicieran a un lado y dejaran que fuera el Self quien tuviera la experiencia con ellas.

Cuando esto es posible, tendremos aquello que los budistas llaman la “mente del principiante”, perspectiva en la que, al existir una ausencia de ideas preconcebidas y de proyecciones, las posibilidades son múltiples. La mente del experto, en cambio, está saturada de creencias que limitan la percepción y las posibilidades.

Nuestras partes piensan a menudo que son expertos en el mundo. El Self tendrá siempre una mente de principiante.

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Curiosidad

La mente del principiante, además de contener curiosidad, está plena de asombro por el mundo. Si no prejuzgamos las cosas, seremos eternamente curiosos. Al igual que un niño inquisitivo, estaremos llenos de interés por las personas y por sus reacciones.

Si alguien está enfadado con nosotros y la visión que tenemos de él no se ha visto perturbada por los sentimientos que se han asociado a otras personas que, en el pasado, han estado enfadadas con nosotros, tendremos entonces curiosidad por conocer la causa del enfado.

Cuando les preguntemos por el motivo de su enfado, ellos no percibirán ni temor ni juicio en nuestra pregunta-sólo un interés inocente. Este tipo de curiosidad se encuentra en el núcleo del enfoque del IFS.

Esta es la forma en que el Self se relaciona no sólo con las personas sino que también con las propias voces internas. Cuando estamos en condiciones de interesarnos incluso por los propios y más despreciables demonios internos (como el desprecio, el racismo o el odio hacia sí mismo) sin hacer juicios de valor, encontraremos que estos diálogos internos resultarán esclarecedores y ayudarán a la transformación.

Los budistas llaman Mindfulness (mente conciente) a este tipo de curiosidad no empeñada en nada, abierta, interesada por los pensamientos y emociones internas. Muchas de sus prácticas están orientadas a ayudar a las personas a ser más conscientes de sí mismos.

Este tipo de curiosidad pura y cándida puede dejarnos sin réplica, desarmados. Tanto las personas como nuestras propias partes perciben que ya no es necesario protegerse ya que se dan cuenta de que lo único que perseguimos es tratar de comprenderlas.

Como generalmente lo único que desean es ser comprendidas, ya no tienen motivos para seguir furiosas o permanecer a la defensiva. Se sienten, por el contrario, a menudo felices de poder contar su historia y ser escuchadas por personas que no intentarán cambiarlas.

Es precisamente eso lo que en este libro entendemos por Ser Testigos – plantear preguntas a la persona o a la parte en cuestión con una curiosidad auténtica que nos permita lograr la siguiente cualidad a la que aspiramos: la compasión.

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Compasión

Cuando nuestra visión de las personas no se ve distorsionada por partes nuestras que pudieran temerlas o necesitarlas, uno no se verá tan afectado por las maneras que estas emplean para protegerse a sí mismas.

Su curiosidad podrá entonces guiarle a ver más allá de su ira o distanciamiento y saber algo más de la herida que ellas protegen. Para aclarar este concepto, compararemos la compasión con la lástima y la empatía.

En la lástima, uno ve a alguien sufrir y siente pena por él o ella y, sin embargo, al mismo tiempo, hay una parte suya que se alegra de que no sea uno esa persona que está sufriendo.

Su mente estará ocupada pensando en las razones por las cuales uno nunca habría cometido los errores que él o ella habrían cometido para experimentar tal sufrimiento. La lástima conlleva un distanciamiento protector y un cierto grado de condescendencia.

La pena que usted pueda sentir por la persona sufriente se origina a partir de una posición de separatividad.

Cuando usted siente empatía, usted ve a una persona sufrir y, como usted tiene un cierto grado de conciencia de sí mismo, sabe que hay una parte de sí mismo que sufre de la misma manera de modo que usted se identifica con el dolor de dicha persona.

En cierta forma, esa persona es igual que usted. Con la empatía se abre su corazón y se produce un fuerte deseo de poder ayudarla. Sin embargo, el peligro de la empatía radica en que, si usted se identifica demasiado con la otra persona, sentirá una gran presión por aliviar la miseria del otro.

Usted no puede tolerar su propio dolor de modo que tampoco puede soportar que el otro siga sufriendo más tiempo. La otra consecuencia común de tener demasiada empatía es el distanciamiento de la otra persona ya que su dolor le hiere a usted mucho.

Cuando usted siente compasión, usted ve a la otra persona sufrir, siente empatía por él o por ella, pero sabe que la otra persona posee un Self que, una vez liberado, podrá aliviarla de su sufrimiento. Si las personas son capaces de aliviar su propio sufrimiento, aprenderán a confiar en su propio Self y podrán aprender las lecciones que el sufrimiento pueda enseñarles.

La compasión nos conducirá entonces, a hacer todo lo posible por fomentar en la otra persona la liberación de su Self más que en convertirnos en su sanador.

Con la compasión podrá usted estar presente de corazón con el sufriente sin tener que sentir la necesidad de cambiarle o de distanciarse de él. Este tipo de presencia del Self contribuirá a menudo a que la otra persona libere su propio Self. (Existen, por supuesto, situaciones en las que el Self de la otra persona no puede ser liberado ya que ésta se encuentra abrumada por el dolor físico o por la enfermedad. En tales situaciones, lo que procede desde el punto de vista de la compasión, es tratar tales estados a la vez que conservar el propósito de que el alivio conducirá a un mayor liderazgo del Self).

Además, en la medida en que vaya siendo el Self quien de manera creciente, le vaya dirigiendo -cada vez más consciente no sólo de las olas sino que, también, del océano-, el sentido de separación de los demás se irá haciendo menor.

El deseo de ayudar a quienes sufren, como también a aquellos que crean el sufrimiento, surge de manera espontánea a partir de esa creciente percepción de la existencia de una interconexión entre todos.

Éste se origina a partir de una comprensión intuitiva de que el sufrimiento de los demás nos afecta a nosotros también ya que, en cierto modo, el otro es uno mismo. (Para la mayoría de las personas, esto no es un pensamiento consciente – ellos simplemente se ven arrastrados a “hacer algo” con sus vidas).

El poema del monje budista Thich Nhat Hanh (1992), que aparece a continuación, recoge el concepto de compasión que surge a partir de la existencia de una conciencia de interconexión:

Yo soy el niño en Uganda, todo piel, todo huesos, mis piernas, delgadas como cañas de bambú, y soy el traficante de armas que vende armas mortales a Uganda.

Yo soy la niña de 12 años, refugiada en un bote pequeño que se arroja al mar tras ser violada por un pirata de mar, y yo soy el pirata de mar, y mi corazón no es capaz de ver ni de amar…: por favor, llamadnos por nuestros auténticos nombres de modo que yo pueda despertar y la puerta de mi corazón pueda permanecer abierta, la puerta de la compasión (págs. 123-124).

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Confianza

Una razón por la cual las personas lideradas por el Self permanecen tranquilas y serenas ante la ira radica en el hecho de que ellas con- fían en que, independientemente de lo que la persona ofendida reclame que haya sucedido, ello no significa que sean malas o que se van a sentir permanentemente heridas.

Nos ponemos a la defensiva, no porque alguien nos ataque, sino más bien, porque tememos que el ataque pudiera activar a nuestros críticos internos lo que, a su vez, daría lugar a que se despertara la sensación de inutilidad y terror que hemos ido acumulando desde la infancia.

Todo desaire que recibimos en el presente activa una caja de resonancia interior donde se oyen todas las heridas similares sufridas en el pasado que hemos ido acumulando.

No son los sucesos actuales los que tememos, sino que son las interminables reverberaciones que tenemos que soportar las que nos asustan. Tememos todo aquel incidente que pudiera recordarnos los peores miedos que tenemos sobre nosotros mismos.

En la medida en que las personas vayan sanando sus partes vulnerables, sus críticos irán relajándose y reduciendo las defensas. Ellas, las partes, tendrán más confianza en el Self en cuanto que éste ha sido capaz de sanar a las partes y demostrado tener la habilidad necesaria para protegerlas o, sino, consolarlas cuando fueran nuevamente heridas.

Si tal es el caso, uno se volverá menos susceptible frente a las antiguas provocaciones ya que tales situaciones no activarán su caja de resonancia interna de las heridas del pasado. Así, aunque la situación actual pudiera de hecho involucrar peligro o dolor, usted podrá reaccionar frente a ésta con la confianza de que puede manejar la situación o de reparar lo que hubiera sucedido.

Sin reacciones excesivas, usted podrá emprender los pasos necesarios para protegerse a sí mismo y, si las interacciones hubieran resultado dañinas para usted, podrá posteriormente cui- dar de aquellas partes que hubieran resultado heridas.

Esto es justamente lo contrario a la tendencia socializada que tenemos de encerrar a nuestras partes heridas en un intento de “dejarlo pasar, no mirar atrás y simplemente seguir avanzando”. Como consecuencia de tal postura, junto con acumular cargas crecientes de dolor, estaríamos abandonando y aislando partes infantiles, nuestras heridas que necesitan ser cuidadas.

Esta estrategia conducirá a una confianza cada vez menor en el Self, una mayor vulnerabilidad frente a los golpes y dardos que existen a nuestro alrededor y, por ende, a una mayor necesidad de protección de nosotros mismos y sensación de que somos individuos diferentes, aislados y solitarios.

En relación con el Self tiene la confianza, además, otro significado. La idea de que no somos solamente olas aisladas sino que formamos parte del océano conlleva lo que podríamos llamar un sentido de la gracia. La gracia resulta difícil de definir y, en el cristianismo, ésta ha sido percibida tradicionalmente como un don o una bendición de Dios.

En este libro la asociamos con la confianza de que, como lo describe un cliente, “Soy amado y soy amor. Independientemente de lo mal que pudiera parecer que están sucediendo las cosas, todo está bien y todo funcionará del modo debido”.

Con esta confianza en la bondad esencial de la vida se produce una apertura hacia la belleza del mundo y un deseo de experimentarla a cada momento. Si uno carece de tal confianza, resultará difícil permanecer en el presente el tiempo suficiente como para poder experimentarla por cuanto uno estará consumido por los planes de futuro a elaborar para la supervivencia o por la gratificación.

Las personas que tienen este tipo de confianza suelen ser carismáticas (otra palabra que comienzan con “c”), aunque no en el sentido de ser llamativos, listos o poderosos sino, más bien, en el sentido que originalmente le otorgaban los griegos de “estar dotados del don de la gracia”. Las personas guiadas por el Self poseen el carisma de la autenticidad.

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Coraje

Clarence Darrow dijo una vez, “La cosa más humana que podemos hacer es consolar al afligido y afligir lo confortable”. El Self tiene el coraje para hacer ambas cosas.

Uno podría pensar que el sentido de la gracia de que “todo está bien” que tiene el Self podría conducir a una pasividad distanciada y a una aceptación de las injusticias de la vida; sin embargo, tal no es el caso en la naturaleza del Self.

Es la claridad propia del Self la que dificulta que las personas puedan negar las injusticias o ignorar el sufrimiento. La compasión del Self es la que hace que las personas se opongan a las tiranías y luchen por los oprimidos. Las palabras del Self dan esperanza a los desesperados.

La energía del Self se infiltra en las grietas de las murallas del tirano, erosionándolas. Por ello, los opresores estarán dispuestos a atacar a las personas cada vez que vean algún signo de liderazgo del Self en ellas.

Los abusadores saben que esta es la forma de controlar a las personas; prácticamente todos los clientes míos que han sufrido abusos sexuales graves refieren que, en la medida en que actuaban de manera animada, espontánea o independiente, eran castigados, bien sea verbal o, sino, físicamente.

De esta forma comenzaron entonces a sentir miedo del Self y a mantenerlo alejado de sus cuerpos. Por ello, la confianza y la gracia, antes que volver a las personas pasivas, tiene el efecto opuesto. El coraje se volverá más accesible para nosotros si dejamos de temer el ataque porque ya no nos sentimos tan vulnerables y si confiamos que sabremos gestionar sus consecuencias.

Si sabemos que cada uno de nosotros es una ola dentro de un mismo océano, nos enfrentaremos a la justicia sin juzgar. Es importante recordar que si bien, hasta ahora injusticia, hemos hecho hincapié en el lado compasivo y de cuidados del Self, la energía de éste puede ser fuerte y protectora. Las artes marciales cultivan este lado protector del Self.

Podemos ser fuertes sin tener que juzgar ya que, al margen de cómo se comporte el opresor, él o ella posee un Self, y el objetivo nuestro es descubrirlo y no lastrar aún más a el/la opresora con nuestros juicios.

Como lo expresó Martin Luther King ,hijo: “Es necesario que nos demos cuenta de que el acto malvado de nuestro vecino enemigo, la cosa que hace daño, no expresa nunca todo lo que él es realmente. Incluso en el peor de nuestros enemigos podríamos encontrar algún elemento de bondad”.

En otra parte escribe: [La no violencia] no busca derrotar o humillar al oponente, sino lograr su amistad y comprensión… no es sólo la violencia física externa lo que evita sino que también la violencia interna del espíritu.

El resistente no violento no solamente se niega a disparar contra su oponente, sino que también se niega a odiarle. En el centro de la no-violencia se encuentra el principio del amor… si frente al odio, respondiera con un odio recíproco, lo único que obtendría sería aumentar la fisura existente en una comunidad rota. Sólo puedo cerrar la brecha existente en la comunidad rota uniendo el odio con el amor. (King, 1994, págs. 211-214).

En el coraje no se trata solamente de ser una voz para los desfavorecidos. A menudo se necesita de más valor para reconocer el daño que se ha hecho a otros e intentar enmendarlos. La claridad nos ayuda a entender lo que hemos hecho y, si tenemos confianza, también nos ayudará a entender que los errores cometidos no significan necesariamente que seamos malas personas.

Tendremos el coraje para escuchar con curiosidad la historia de la otra persona, para disculparnos sinceramente y preguntar de qué manera podemos reparar el daño hecho.

La persona liderada por el Self no sólo tiene el coraje para actuar sino que también lo tiene para ser responsable de sus acciones. En la medida que vaya surgiendo el Self en el cliente, se irá evidenciando en él o en ella otro de los aspectos del coraje -la voluntad de avanzar hacia el propio dolor o vergüenza.

Los viajes interiores que realizan los clientes implican a menudo entrar en las zonas más temidas de su propia psique. Allí acabarán presenciando aquellos sucesos de su pasado cuyos efectos ellos han tratado, bien sea de minimizar o, sino, de olvidar completamente.

El ser testigo de dichos sucesos, por su parte, conducirá con frecuencia a tener una visión más clara de cuáles son las relaciones claves en el mundo externo y a tomar la determinación de cambiar dichas relaciones. Estos cambios podrán en ocasiones suponer riesgos económicos y emocionales. Se necesita coraje para mirar y coraje para actuar frente a lo que vemos.

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Creatividad

Son muchos los científicos, inventores y artistas que han comentado que sus inspiraciones brotaron súbitamente y que éstas se habrían formado más bien a partir de su intuición inconsciente que como pro- ducto de la acción de su mente racional.

Los investigadores que intentan incrementar la creatividad en las personas emplean técnicas tales como el biofeedback, orientadas a reducir el ruido interno de la mente y a acceder a estados más profundos de la conciencia (Tony Schwartz, 1995).

La escritora Anne Lamott (1994) escribe: “Uno recupera la intuición cuando uno le crea un espacio para ella, cuando uno frena el parloteo de la mente racional. La mente racional no nos nutre. Uno parte del supuesto de que ella nos proporcionará la verdad porque nuestra cultura ha venerado a la mente racional como si fuera el becerro de oro, sin embargo, eso no es cierto.

La racionalidad exprime lo que es rico, jugoso y fascinante” (pág. 112).

La experiencia que he tenido con mis clientes me confirma lo anterior. Según iba disminuyendo su ruido interior y surgiendo su Self, ellos comenzaron a acceder a un tipo de sabiduría creativa.

Comienzan así, a hallar la solución a conflictos prolongados, recurriendo muchas veces al pensamiento lateral, “fuera de la caja”, pensamiento que no era posible cuando estaban dominados por aquellas partes, llenas de reglas sobre sus vidas y relaciones.

Pareciera ser como si el Self estuviera dotado de una sabiduría innata que le permitiera crear una armonía en las relaciones, bien sea con las demás personas o con sus propias partes.

El Self sabe de manera automática como cuidar de otros y posee la claridad, compasión y coraje para hacerlo. Según vayan liberándose de la garra de sus críticos internos y de sus preocupaciones relacionadas con la aprobación por los demás, irán sintiendo, además, un deseo y capacidad creciente de entrar en lo que se ha llamado “estado de flujo”, estado en el que la expresión creativa fluye espontáneamente fuera de ellas, estando sumidas en el placer de la actividad (Csikszentmihalyi, 1990).

Las personas comienzan a sentir que están aquí para realizar algún tipo de contribución y experimentarán un gran alivio al moverse en este sentido. Sin embargo, volviendo a un tema de este libro, en raras ocasiones suele bastar sencillamente con tranquilizar la mente.

Para permitir que exista una expresión del Self real es necesario disponer del coraje necesario que permita liberar todas las partes creativas que se encuentran encerradas en contenedores internos.

Anne Lamott (1994) lo sabe: Pero no accederás a ninguna de esas verdades, sentado en el campo, sonriendo beatíficamente, evitando tu ira, tu daño, tu pesar. Tu ira, tu daño y tu pesar son el camino para llegar a la verdad. No tendremos muchas verdades que expresar si no nos decidimos a entrar en aquellas habitaciones y armarios, aquellos bosques y abismos en los que se nos había dicho que no entráramos.

Una vez que hayamos entrado allí y mirado un largo rato lo que había allí, simplemente respirar y asumirlo-sólo entonces estaremos en condiciones de hablar con nuestra propia voz y permanecer en el momento presente. Y ese momento es como estar en el hogar (pág. 201).

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Conexión

Según vayamos progresivamente incorporando, encarnando el Self, iremos teniendo la sensación creciente de que estamos conectados con los Selfs de quienes se encuentran a nuestro alrededor. Como pa- rece ser que formaría parte de la propia naturaleza del Self el querer reforzar dichas conexiones, tenderán las personas que perciben el Self de otros a pasar más tiempo con ellos.

De igual forma, tenderán a abandonar a aquellas personas o actividades en las que les cueste más percibir tales conexiones.Lo que Lamott comenta en la última línea del párrafo anterior “Y ese momento es como estar en el hogar” se aplica también cuando uno siente que está estableciendo una conexión de Self a Self con otra persona.

Es como la sensación de apagar la sed de que finalmente se ha encontrado a alguien que sabe quién uno realmente es.

Existe, además, el alivio de poder quitarnos las pesadas máscaras con las cuales queremos impresionar al otro u ocultarnos de él y obtener, a cambio, que brille la luz de nuestro Self.

La escritora Joan Borysenko (1999) describe la experiencia que tuvo del encuentro de un Self con otro Self cuando conoció a un hombre que agonizaba de SIDA.

Tras una divagadora conversación, Sam me miró a los ojos y dijo: “Nunca había sentido tanta paz, nunca me había sentido tan seguro”. Yo, aunque llorosa, me siento también segura en esta percepción ampliada del Self. Sam me cogió de la mano, y dijo algo respecto de lo mucho que deben quererme mis hijos y de la suerte que tienen.

Ahora que sé que él ha vislumbrado algo dentro de mí que, incluso para las personas que más amo, no es habitualmente accesible, tropiezo con mis palabras.

Era nuestra relación la que había levantado el almud de la Luz. En ese momento, yo era mi Self solamente porque él era el suyo. El parloteo y las dudas y las rumiaciones del ego se habían marchado.

Habíamos visto al dios el uno en el otro. A ninguno de los dos nos importaba nuestro aspecto o cuán sabias eran nuestras palabras. Ni siquiera nos importaba si el mundo se acabaría en ese momento ni cómo lo haría.

Éramos un todo y la historia estaba contada. En ese inapreciable momento, nuestras vidas habían tenido un propósito y un significado (págs. 164–165)

Para la mayoría de nosotros, estos momentos sagrados, memorables son extremadamente raros. Sin embargo, en las personas dirigidas por el Self, tales conexiones no sólo son deseadas sino que, además, son más posibles. Esto se debe al hecho de que el Self de una persona actúa como un imán para el Self de otra persona.

Tal vez la imagen de un diapasón sea una mejor metáfora. Cuando usted se encuentra en el estado del Self, las vibraciones producidas activarán el Self de otros.

Cuando usted se encuentra en la presencia del Self de otra persona, usted observará que, en la medida que vaya percibiendo que no es juzgado ni controlado, sus defensas irán relajándose y su Self irá emergiendo de manera natural.

Al no temer ser herido, las conexiones entre los Selfs serán más fáciles de establecer ya que usted tendrá plena confianza de poder reparar rápidamente toda herida procedente de los rechazos.

Junto con una mayor conectividad con otras personas y con las propias partes (conectividad horizontal), es probable que usted sienta que se encuentra más en conexión con la unicidad del universo o de la naturaleza.

Considero que a medida que se van relajando las partes y liberando el Self, las personas comienzan a sentir que están más conectados verticalmente con el Espíritu y con la Tierra, siendo llevados a desempeñar actividades y a contactar con personas que abren aún más dichas puertas.

Las palabras expresadas por el eminente neurocientífico Francisco Varela (citado por Jaworski, 1996, págs. 189-190) recogen este estado de conectividad: Cuando estamos en contacto con nuestra “naturaleza abierta”, nuestro vacío, ejercemos una enorme atracción sobre otros seres humanos…

Y, si los otros se encuentran en el mismo espacio o están entrando en él, se producirá una resonancia entre ellos y nosotros y las puertas se nos abrirán de manera inmediata…

Este estado, en el que conectamos de manera profunda con otras personas y se abren las puertas, está ahí esperándonos. Es como una ilusión óptica.  Todo lo que tenemos que hacer es entornar los ojos y ver que ha estado allí todo el tiempo, esperándonos. Todo lo que tenemos que hacer es observar nuestra unicidad.

Éstas son las palabras del liderazgo del Self que comienzan con C.  Existen otras palabras con C como conciencia, contentamiento y constancia que, aunque consideré incluirlas, creo que ya han quedado recogidas en la lista anterior. Otras características importantes del Self, como son la alegría, el humor, el perdón y la gratitud no han quedado recogidas lo suficiente en la lista anterior

Existe otra larga lista de palabras con C (en el original en inglés) que describen a aquellas personas cuyo Self está sepultado bajo el ruido y la emoción.  Algunas de ellas son: cerrado, confundido, obnubilado, atascado, congestionado, caótico, cobarde, cauteloso, dócil, complaciente, presuntuoso, autómata, crítico, actitud de confrontación, deseos incontrolados, cruel, cínico, desdeñoso, controlador, coercitivo, dominante, fanfarrón, confabulador, conquistador, astuto, listo y loco.

Fuente: Introducción al Internal Family Systems de Richard Schwartz

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