Unidad 2 – Ejercicio 2 – El Sendero

Ejercicio 2 – Ejercicio del Sendero

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También lo transcribimos para que puedas conocerlo antes de escucharlo:

Colóquese en una posición relajada y respira profundo varias veces.

Imagina que te encuentras en el comienzo de un sendero, que puede ser uno conocido o bien, uno en el que nunca has estado previamente.

Antes de comenzar a caminar por el sendero, reúnete con tus emociones y pensamientos (tus partes) y pídeles que se queden al comienzo de él y permitan así que usted pueda caminar solo por el sendero.

Si las partes tienen miedo de dejarle ir solo, tranquilízalas diciéndoles que no tardarás mucho y que la experiencia puede resultar beneficiosa, tanto para ellas como para ti.

Cerciórate, además, que las partes temerosas puedan ser atendidas por otras que no lo estén. Si, a pesar de todo, sigue habiendo partes temerosas que no le dejan ir sola/o, no inicies el camino y tómate un momento para escuchar con atención esos temores.

¿Qué es precisamente lo que temen que suceda si te permiten marchar sola/o? Y, sin embargo, si percibes que sí te darán el permiso, sigue adelante.

Nota si según vas caminando, te observas a sí mismo caminando por en el sendero o si estás ahí caminando por el sendero, simplemente ves lo que hay a su alrededor.

Si usted te ves a ti misma/o, eso indica que es una de tus partes una va caminando.  Encuentra esta parte teme que tu sigas caminando sola/o por el sendero y pídele que se relaje …. y que vuelva al punto de partida del sendero. Si se negara, dedícale el tiempo que necesite intentando conocer sus temores.

Si continúas caminando por el sendero, observe si estás pensando en algo.

Si tal es el caso, pídale a esos pensamientos que vuelvan a la origen del camino de manera que tu puedas ir progresivamente convirtiéndose en una conciencia plena.

A medida que vayas avanzando por el sendero, comprueba periódicamente si estás pensando en algo y si es así, procede suavemente a remitir esos pensamientos a la base.

Note lo que sucede en su cuerpo y en su mente cuando estos pensamientos le abandonan. Observa la sensación de amplitud que usted percibe alrededor suyo y la energía que fluye dentro de ti.

Cuando sientas que ya ha pasado el tiempo suficiente en el sendero, alejado de tus pensamientos, comienza a volver al origen o comienzo del camino.

Fijate si puedes lograr conservar esa sensación de amplitud y esa energía que sentías, incluso cuando te estés aproximando a las partes.

Cuando llegues a la cabecera, te encuentras con tus partes y fíjate si han logrado arreglárselas sin usted y si necesitan algo de usted.

Una vez concluido el proceso, si las partes te permitieron irte, agradéceles por ello.

Si no lo hicieron, agradéceles por haberte hecho saber que ellas temían dejarle partir.

Luego respira profundamente un par de veces y con la respiración vas volviendo al mundo exterior.

El ejercicio del sendero, al igual que el otro ejercicio, tiene diversos propósitos.

Uno de ellos es el de darle una pequeña idea de quién eres tu realmente, es decir, de quién eres realmente una vez que te has separado de los pensamientos y emociones corrientes.

Una vez que las personas logran apartar a sus partes, la mayoría de ellas suelen tener experiencias similares. Se sienten más ligeras, apacibles y radiantes, incluso alegres, y centradas en el presente.

Hay personas que se dedican a la meditación para lograr este estado; el sendero es simplemente un recurso de la imaginación que ayuda a descender por debajo de la superficie de la conciencia ordinaria para acceder al estado oceánico del Ser.

En este ejercicio del sendero, a diferencia de otras técnicas de meditación, se llevan a cabo negociaciones con las partes de manera explícita. El empleo de mantras o la concentración sobre la propia respiración surten un efecto similar sobre las partes, aquietándolas e introduciéndolas en un estado de relajación; sin embargo, tal efecto se produce más rápidamente con este ejercicio de modo que uno tiene la oportunidad de conocer las necesidades que las partes en concreto tienen.

Cuando las personas realizan este ejercicio por primera vez, es frecuente que muchas de sus partes no las dejen marcharse. Si a usted le ha ocurrido algo parecido, no se preocupe; sólo significa que sus partes no se sentían seguras en dicho contexto y en dicho día concreto.

Si tus partes no te han dejado ir, es probable que hayas alcanzado otro de los objetivos prioritarios de este ejercicio: descubrir qué partes temen estar separadas de ti y saber qué es lo que ellas temen.

Tu puedes, por tanto, a partir de este descubrimiento, saber qué partes claves precisan de tu ayuda, pudiendo así trabajar con ellas de maneras que serán explicadas más adelante.

Personas que han practicado el ejercicio del sendero han notado que determinados pensamientos han persistido y han descubierto que se han identificado a tal punto con determinadas partes que han llegado a considerar que esas partes eran ellas mismas, es decir, que llegaron a confundir una o varias de sus partes con su propio Yo.

El descubrir lo que podríamos llamar partes que imitan al Ser (también conocidas como partes como el Ser) puede resultar bastante desconcertante ya que su existencia supone un reto para nuestra propia identidad. Sin embargo, en última instancia, resulta siempre útil y liberador el identificar estas partes que son como el Ser y librarlas de esas cargas de responsabilidad. A este respecto, permítanme que comente que es más importante estar en el sendero que observándose a sí mismo en él.

Si durante un ejercicio de imaginería, te observas estando en él, lo que tu estás haciendo es experimentar una parte, no a su Ser.  Esto es así porque es tu propio Ser, el asiento final de la conciencia, quien observa de modo que, consecuentemente, usted no podría ver a su Ser.Si tu pudieras, ¿quién, entonces, estaría siendo testigo de su Ser?

En varios ejercicios se te invitará a entrar e interactuar con las partes.

Cuando lo hagas, cerciórate de que tu no se estás observando al sí mismo sino que está realmente ahí.

Según vayas  usted familiarizándote con el proceso de ayudar a las partes a que aprendan a confiar que es seguro permitir que usted separe de ellas, puede que ya no sea necesario que recurra a una imagen como la del sendero, pudiendo emplear una imagen que consideres mejor o, tal vez, sólo con percibir que existen tales partes, éstas se relajen y se aparten.

Una de las formas de meditación budista guía a los participantes precisamente de esta manera – que simplemente observen cualquiera de los pensamientos o sentimientos que pudieran surgir mientras usted está sentado, con la mente centrada en su respiración.

En la medida en que las partes vayan confiando más en usted, observará cómo irá aumentando de manera significativa la capacidad que tiene de separarse de ellas y de entrar en el Self de modo que podrá ir viviendo partes cada vez mayores de su vida desde este estado.

Lo que se tarde en ello dependerá más bien de las cargas que soportan sus partes (pensamientos y emociones extremas que el mundo exterior ha introducido en su sistema) que de la regularidad con que usted medite, aunque ello también podrá contribuir a ese respecto. Según iremos aprendiendo, es el proceso de alivio, de estas cargas lo que liberará a su Self.


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